Rafael Mendoza Gaspart y Marga Lliso del Hoyo publican su obra El león y el ratón. Se trata de una fábula que brota de la pluma de Rafael Mendoza y de los lápices de Margarita Lliso, y que mostrará a los niños, a modo de cuento, el concepto de la amistad, el trabajo en equipo, la igualdad entre todos...viernes, 14 de mayo de 2010
Se publica "El león y el ratón"
Rafael Mendoza Gaspart y Marga Lliso del Hoyo publican su obra El león y el ratón. Se trata de una fábula que brota de la pluma de Rafael Mendoza y de los lápices de Margarita Lliso, y que mostrará a los niños, a modo de cuento, el concepto de la amistad, el trabajo en equipo, la igualdad entre todos...viernes, 7 de mayo de 2010
Decálogo del escritor, por Augusto Monterroso
Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".
Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor, de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.
*Augusto Monterroso (guatemalteco, 1921-2003) vivió la mayor parte de su vida en México. En su obra -de prosa concisa, accesible, claramente inclinada a la parodia, la fábula, el absurdo, el humor negro y la paradoja- se destacan los títulos Obras completas (y otros cuentos) (1959), La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1972) y la novela Lo demás es silencio (1978).
Fue galardonado con el premio Villaurrutia en 1975 y en 1988, con la condecoración del Águila Azteca. En 1996, recibió el Premio Juan Rulfo de narrativa.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".
Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor, de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.
*Augusto Monterroso (guatemalteco, 1921-2003) vivió la mayor parte de su vida en México. En su obra -de prosa concisa, accesible, claramente inclinada a la parodia, la fábula, el absurdo, el humor negro y la paradoja- se destacan los títulos Obras completas (y otros cuentos) (1959), La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1972) y la novela Lo demás es silencio (1978).
Fue galardonado con el premio Villaurrutia en 1975 y en 1988, con la condecoración del Águila Azteca. En 1996, recibió el Premio Juan Rulfo de narrativa.
jueves, 21 de enero de 2010
Presentación de la revista "Portales"
"El buscador de ríos" aparece en el diario La Rioja
El 26 de junio de 2009 apareció en el diario La Rioja un artículo de Diego Marín A. (redactor y crítico literario) sobre la novela "El buscador de ríos".
También la prensa digital se hizo eco de la publicación de la novela:
http://www.larioja.com/20090321/cultura/autores-20090321.html
http://blogs.larioja.com/ciudaddelhombre/posts
"El buscador de ríos" sale del armario
Tras varios años oculto en las entrañas de mi ordenador, en enero de 2009 salió a la luz "El buscador de ríos", una novela histórica protagonizada por Henry Morton Stanley y David Livingstone.
La historia, que comienza en la habitación de un hotel madrileño a finales del siglo XIX, recrea la fascinante aventura que llevó a Stanley, reportero del New York Herald, a adentrarse en lo más profundo del continente africano para tratar de hallar con vida a David Livingstone, o llevar de vuelta a Europa sus restos mortales, pues hacía años que no se sabía nada del mítico explorador escocés pero algunas noticias recientes apuntaban que aún se pudiese encontrar con vida.El relato de unos hechos que sucedieron en la realidad, pretende recrear en la imaginación del lector una apasionante proeza que encumbraría a Stanley junto al resto de grandes exploradores de África y le convirtió en uno de los referentes claves a la hora de hablar de la colonización de África por las potencias europeas de la época, que se lanzaron, años después, en una alocada carrera imperialista por el dominio del continente negro, salvaje, misterioso y rico en recursos naturales.
Espero que os guste.
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La novela se puede adquirir:En Logroño:
- Librería Quevedo (Avda. de Portugal, 1)
- Librería Magaña (C/ Huesca, 22)
- Librerías Santos Ochoa (C/ Sagasta, 3; C/ Doctores Castroviejo, 19; Gran Vía, 55)
- o como préstamo para lectura en la Biblioteca Pública de la misma ciudad.
En Madrid:
- Librería Desnivel (Plaza Matute, 6)
En Toledo:
- Librería Taiga (Travesía Gregorio Ramírez, 2)
En Valencia:
- Librería Patagonia (C/ Hospital, 1)
Por Internet:
http://www.libreriadesnivel.com/
* Para contactar con el autor, escribir a elbuscadorderios@gmail.com
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